martes, 14 de junio de 2016

“Cuida de los pequeños gastos; un pequeño agujero hunde un barco.” Benjamin Franklin (1706-1790)



En Colombia, se ha mantenido un caso particular de “inestabilidad económica” (la cual se verá mejor explicada más adelante), en la que, por el mismo concepto y por lo que nuestra intuición nos lleva a pensar, no representa un verdadero progreso de Colombia como país. Sin embargo, puede que se llegue a pensar que hay una posible “razón” de existencia de dicho descuido económico del cual estamos siendo principalmente víctimas y tal es, de esperarse: el Proceso de Paz. No hay problema si consideramos que hay en parte certitud en lo anterior, pero recordemos que todos y cada uno de nosotros hacemos parte de un país, una organización social con sentido de pertenencia y con ámbitos económicos y políticos bien definidos. Así, no es propio de un Estado hacernos pagar por sus malas decisiones o, aún peor, dejarnos padecer condiciones deplorables por el hecho de estar ocupado con algún otro “problema”. Por las anteriores razones, es casi imposible imaginar que en realidad pertenezcamos a un país, si hacemos parte (victimaria o víctima) de lo anterior. De esta manera tiene el Estado por obligación ofrecer un ambiente propicio para el desarrollo humano, en cuyas actividades todos, los que quieran y muestren interés en ello, tengan acceso. 

Habiendo comprendido lo anterior, nos damos cuenta que uno de los aspectos más importantes, los cuales, en combinación con otros, podrían ofrecer tal aspirado progreso utópico es la vinculación de grandes cantidades de individuos en todo lo concerniente a la organización económica de un país. Y uno de los mecanismos, por los cuales lo aspirado se vuelve “hecho”, es la presencia de las Pequeñas y Medianas Empresas (PyME o, más comúnmente, pyme). Las pymes representan el conjunto de empresas con unas características muy particulares, que le traen ventajas y desventajas. Una de tales es que tienen unas limitaciones, que no la hacen una gran empresa. Entre ellas están: número de ocupaciones y trabajadores fijos y límites financieros prefijados por los Estados o regiones, donde este tipo de organizaciones o instituciones dedicadas a actividades específicas, persiguiendo fines económicos o comerciales, para satisfacer las necesidades de unos demandantes o clientes – empresas – se desarrollan. Dicho conjunto tiene, como se mencionó, unas ventajas y desventajas, dependiendo del contexto donde se encuentren: 
  • Una empresa puede crecer y prosperar con la utilización de los avances tecnológicos suficientes, si éstos se encuentran a su alcance. Sin embargo, no todas las veces ocurren como la anterior manera lo plantea, puesto que éstas también pueden empequeñecerse al no tener acceso a las nuevas tecnologías o medios a los que su competencia sí puede. Claro está que a la hora de tomar la decisión de formar una pequeña o mediana empresa (o incluso microempresa, siendo ésta, como la define la Unión Europea (UE), todo lugar que ejerce una actividad, ocupa a menos de 10 personas y tiene un balance de ingresos general anual que no supera los 2 millones de euros), es necesario ver todas las posibilidades que puedan ocurrir y el entorno competitivo donde se desarrollarían.
  • Éstas tienen una gran capacidad de adaptabilidad, gracias a su estructura organizativa pequeña, y los bajos riesgos, al no tener que hacer grandes inversiones en la consecución de algún proyecto, que pueda fallar o no cumplir con las expectativas. 
  • Éstas, además de lo anterior, tienen también una mayor facilidad de cambiar rápidamente su estructura productiva en el caso de variar las necesidades de mercado, lo cual es mucho más difícil en una gran empresa que cuentan con un gran número de empleados y grandes sumas de capital invertido. 
  • Las empresas pequeñas tienen generalmente más dificultad de encontrar financiación de su sostenimiento debido a su mayor riesgo y los posibles “pocos beneficios”, que podrían generar en comparación con una gran empresa. 
  • La formación previa del empleado es fundamental para éstas, pues algunas veces se les hace complicado encontrar mano de obra especializada, que puedan realizar sus trabajos asignados correctamente. 
  • Éstas no pueden dedicar tiempo o algún porcentaje del capital con el que cuenten a proyectos de investigación, por el bajo volumen de beneficios que poseen.
Mediante lo anterior, se ha visto las ventajas que poseen las pymes, siendo la más importante de todas el hecho de la presencia de una vinculación más directa con los clientes, con los que mantenga relación, y la facilidad de la participación de individuos comunes, siempre y cuando éstos se formen especializadamente y tengan un verdadero interés en ella (este tipo de relación se le conoce como “inclusión social”). Ahora, observando las estadísticas, mostradas en el bloque de opinión, que conciernen a las pymes y Colombia, nos damos cuenta de la gran influencia que éstas representan:
  • Éstas generan más del 50% del empleo nacional.
  • Representan el 36% del valor agregado industrial (valor que adquieren los bienes y servicios al ser transformados en un proceso productivo), el 92% de los establecimientos comerciales y el 40% de la producción total del país.
Aquella información nos da a conocer que éstas, a pesar de todas las limitaciones, adversidades y riesgos, pos los cuales estas empresas puedan pasar, corresponden a una gran parte de la economía del país y un factor determinante que disminuye considerablemente el desempleo generalizado. Por dichas razones, quizá se llegue a pensar que tantos resultados positivos se ven reflejados en el Producto Interno Bruto (PIB) del país. Sin embargo, ésto no es así lastimosamente y es ahí donde se ve claramente una falla por parte del Estado, a la hora de fortalecer un eslabón definitivo de su economía.

El problema consiste en que las pymes presentan un gran aislamiento, en comparación con otros tipos de empresas, en su estructura productiva y su incapacidad de aumentar su producción y especializarse correctamente, acorde con las necesidades primarias del mercado y a los constantes cambios de demanda que ocurren en éste. La causa primaria, que genera las demás, es la falta de un apoyo efectivo por parte del Estado, que les pueda garantizar una ganancia. Por ejemplo, el difícil acceso a su financiamiento, la existencia de una restricción de crédito (fenómeno financiero que consiste en la reducción de los recursos monetarios disponibles para prestar o un repentino incremento del coste de obtener préstamos bancarios) y la falta de una adecuada organización y gestión. A causa de todos esos obstáculos, muchas de este tipo de empresas recurren a mecanismos como: proveedores, reinversión de utilidades (reinvertir la ganancia obtenida de una previa inversión), “leasing” (contrato en donde un usuario le paga al dueño de un recurso para el uso de éste), etc. Además, no sólo vemos problemas de las índoles mostradas anteriormente, pues otra de las dificultades de éstas está en su baja capacidad para vincularse con el sector externo de forma competitiva (exportaciones). Se sabe que existe gran dificultad para que éstas logren alcanzar diversos medios, el uso de las nuevas tecnologías o una mejor competitividad. Todo lo anterior conforma el hecho que no corresponde una gran ayuda al porcentaje de las exportaciones de Colombia en el mercado Internacional.

Finalmente, es por todas las razones, datos, hechos, estadísticas y ejemplos, por las cuales el Estado debería velar por el desarrollo de la micro, la pequeña y la mediana empresa, ayudarla con una mejor vinculación al mercado externo y proveerle mano de obra mejor capacitada que puedan verdaderamente realizar sus trabajos de forma correcta. Así, el Estado tiene cuidado con sus gastos, teniendo unas ventajas aseguradas con la mejora y ayuda de las pymes, recubriendo y sellando aquel pequeño agujero, suficiente para hundir su barco.


https://es.wikipedia.org/wiki/Peque%C3%B1a_y_mediana_empresa

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