jueves, 30 de junio de 2016

¿Hoy o mañana?

Suponga por un segundo que es un estudiante de bachillerato y ha ganado un premio de $100,000 y tiene la opción de recibir el dinero ahora mismo o dentro de 3 años. Su familia le aconseja recibirlo dentro de 3 años, pues no se sabe en qué situación estaría en ese entonces y además, lo puede ahorrar para la Universidad. Mientras tanto, su profesor de economía le recomienda recibirlo cuanto antes; entre más temprano, más puede crecer esa cantidad a lo largo de 3 años. ¿Qué escogería usted? Y, ¿a qué se refiere el profesor? Muchos escogerían recibir el dinero ahora, pero no por la razón del profesor, sino porque después de todo, 3 años son bastante tiempo para esperar. Otros diríamos que es mejor recibir cierta cantidad de dinero en un futuro, para no tener la tentación de gastarlo en el presente o, más aún, para tener asegurada nuestra situación económica en algunos años. ¿Quién está haciendo la mejor decisión? Para el final de este artículo, se espera que usted pueda responder esta pregunta por sí mismo y conocer los conceptos que hay detrás de todo.

Primero que todo, aclaremos el escenario que nos interesa. Estrictamente no estamos hablando de una persona, cuyo único interés es gastar, sino de una que reconoce que el tiempo corre y existen necesidades presentes y futuras. Por tanto, el propósito principal del artículo es hacer más fácil su decisión: recibirlo hoy o mañana (en el ejemplo, hoy o en 3 años). 

Entendido ésto, hablemos acerca del Valor del Dinero en el Tiempo (en inglés, Time Value of Money, abreviado usualmente como TVM). Teóricamente, es un concepto económico basado en la premisa de que un inversor prefiere recibir un pago de una suma fija de dinero hoy, en lugar de recibir el mismo valor nominal en una fecha futura. En la práctica, ésto se traduce en lo siguiente: si se recibe una cantidad de dinero cuanto antes, se tiene más tiempo para invertirla, lo que daría como resultado una ganancia más y más grande conforme pasan los años; así, dentro de 3 años en el ejemplo, tendríamos un valor final que es igual al valor inicial más el interés que se acumuló con el tiempo ($1,000,000 + interés). En cambio, recibiéndolo en un futuro (dentro de 3 años), el dinero no está ganando ningún interés y por lo tanto, nuestro valor final dentro de 3 años sería el mismo que recibimos inicialmente.

Suponga ahora que elige invertir su monto total a un 4.5%; el valor futuro de su inversión al final del primer año es de $100,450, lo que se calcula multiplicando la cantidad principal ($100,000) para la tasa de interés del 4,5% y luego añadir ese valor a la cantidad principal: 

Valor futuro de la inversión al final del primer año = ($100,000 × 0,045) + $100,000 = $100,450

Si manipulamos la ecuación, para obtener una mejor forma de expresarla, obtenemos:

Ecuación final: $100,000
× (0,045 + 1) = $100,450
 
Y si queremos saber cuánto ganaríamos, si ese valor lo volvemos a invertir en un 4,5% por un año más, basta con tomar el $ 100,450 y se multiplica nuevamente por 0.045 + 1 (1.045).
 

Valor futuro de la inversión al final del segundo año = $100,450 × (1 + 0,045) = $100,920.25

Pero sabemos que obtuvimos $100,450 a partir de $100,000 × (1 + 0.045), por lo que, partiendo del valor inicial, obtener en 2 años:
 
Valor Futuro al cabo de 2 años = $100,000
× (1 + 0,045) x (1 + 0,045)


Pero, siguiendo las leyes de los exponentes, donde una establece que en una multiplicación de términos equivalentes, se suman sus exponentes; éso es lo mismo que decir:
Valor Futuro al cabo de 2 años = $100,000 × (1 + 0.045)1+1 = $100,000 × (1 + 0.045)2 = $100,920.25

Ahora sí, ¡a la parte práctica! Podemos ver que el exponente es igual al número de años que el dinero está ganando interés en una inversión. Por lo tanto, cada vez que queramos hallar lo que ganamos a partir de un monto inicial P, a un interés dado i, al cabo de n años, se usa la siguiente ecuación justo como antes se ha planteado:


Valor futuro = P × (1 + i)n


En el caso de que queramos saber cuánto ganamos después de 3 años, basta con remplazar de la siguiente forma:

Valor futuro = $100,000 × (1 + 0,045)3 = $101,411.66

En conclusión, muchas veces "ahorrar" no implica posponer la adquisición de cierta cantidad de dinero, sino recibirla y, de inmediato, darle un buen uso. ¿Y qué mejor uso que invertirlo a cierta tasa de interés para que cada vez nuestro monto sea más grande y por tanto, estemos ganando dinero? Ahora ya sabe usted cómo calcular lo ganado al cabo de cierto tiempo y nadie lo puede embaucar allí. ¡Utilice ahora este nuevo conocimiento y aplíquelo a la grandiosa actividad del ahorrar!

martes, 14 de junio de 2016

“Cuida de los pequeños gastos; un pequeño agujero hunde un barco.” Benjamin Franklin (1706-1790)



En Colombia, se ha mantenido un caso particular de “inestabilidad económica” (la cual se verá mejor explicada más adelante), en la que, por el mismo concepto y por lo que nuestra intuición nos lleva a pensar, no representa un verdadero progreso de Colombia como país. Sin embargo, puede que se llegue a pensar que hay una posible “razón” de existencia de dicho descuido económico del cual estamos siendo principalmente víctimas y tal es, de esperarse: el Proceso de Paz. No hay problema si consideramos que hay en parte certitud en lo anterior, pero recordemos que todos y cada uno de nosotros hacemos parte de un país, una organización social con sentido de pertenencia y con ámbitos económicos y políticos bien definidos. Así, no es propio de un Estado hacernos pagar por sus malas decisiones o, aún peor, dejarnos padecer condiciones deplorables por el hecho de estar ocupado con algún otro “problema”. Por las anteriores razones, es casi imposible imaginar que en realidad pertenezcamos a un país, si hacemos parte (victimaria o víctima) de lo anterior. De esta manera tiene el Estado por obligación ofrecer un ambiente propicio para el desarrollo humano, en cuyas actividades todos, los que quieran y muestren interés en ello, tengan acceso. 

Habiendo comprendido lo anterior, nos damos cuenta que uno de los aspectos más importantes, los cuales, en combinación con otros, podrían ofrecer tal aspirado progreso utópico es la vinculación de grandes cantidades de individuos en todo lo concerniente a la organización económica de un país. Y uno de los mecanismos, por los cuales lo aspirado se vuelve “hecho”, es la presencia de las Pequeñas y Medianas Empresas (PyME o, más comúnmente, pyme). Las pymes representan el conjunto de empresas con unas características muy particulares, que le traen ventajas y desventajas. Una de tales es que tienen unas limitaciones, que no la hacen una gran empresa. Entre ellas están: número de ocupaciones y trabajadores fijos y límites financieros prefijados por los Estados o regiones, donde este tipo de organizaciones o instituciones dedicadas a actividades específicas, persiguiendo fines económicos o comerciales, para satisfacer las necesidades de unos demandantes o clientes – empresas – se desarrollan. Dicho conjunto tiene, como se mencionó, unas ventajas y desventajas, dependiendo del contexto donde se encuentren: 
  • Una empresa puede crecer y prosperar con la utilización de los avances tecnológicos suficientes, si éstos se encuentran a su alcance. Sin embargo, no todas las veces ocurren como la anterior manera lo plantea, puesto que éstas también pueden empequeñecerse al no tener acceso a las nuevas tecnologías o medios a los que su competencia sí puede. Claro está que a la hora de tomar la decisión de formar una pequeña o mediana empresa (o incluso microempresa, siendo ésta, como la define la Unión Europea (UE), todo lugar que ejerce una actividad, ocupa a menos de 10 personas y tiene un balance de ingresos general anual que no supera los 2 millones de euros), es necesario ver todas las posibilidades que puedan ocurrir y el entorno competitivo donde se desarrollarían.
  • Éstas tienen una gran capacidad de adaptabilidad, gracias a su estructura organizativa pequeña, y los bajos riesgos, al no tener que hacer grandes inversiones en la consecución de algún proyecto, que pueda fallar o no cumplir con las expectativas. 
  • Éstas, además de lo anterior, tienen también una mayor facilidad de cambiar rápidamente su estructura productiva en el caso de variar las necesidades de mercado, lo cual es mucho más difícil en una gran empresa que cuentan con un gran número de empleados y grandes sumas de capital invertido. 
  • Las empresas pequeñas tienen generalmente más dificultad de encontrar financiación de su sostenimiento debido a su mayor riesgo y los posibles “pocos beneficios”, que podrían generar en comparación con una gran empresa. 
  • La formación previa del empleado es fundamental para éstas, pues algunas veces se les hace complicado encontrar mano de obra especializada, que puedan realizar sus trabajos asignados correctamente. 
  • Éstas no pueden dedicar tiempo o algún porcentaje del capital con el que cuenten a proyectos de investigación, por el bajo volumen de beneficios que poseen.
Mediante lo anterior, se ha visto las ventajas que poseen las pymes, siendo la más importante de todas el hecho de la presencia de una vinculación más directa con los clientes, con los que mantenga relación, y la facilidad de la participación de individuos comunes, siempre y cuando éstos se formen especializadamente y tengan un verdadero interés en ella (este tipo de relación se le conoce como “inclusión social”). Ahora, observando las estadísticas, mostradas en el bloque de opinión, que conciernen a las pymes y Colombia, nos damos cuenta de la gran influencia que éstas representan:
  • Éstas generan más del 50% del empleo nacional.
  • Representan el 36% del valor agregado industrial (valor que adquieren los bienes y servicios al ser transformados en un proceso productivo), el 92% de los establecimientos comerciales y el 40% de la producción total del país.
Aquella información nos da a conocer que éstas, a pesar de todas las limitaciones, adversidades y riesgos, pos los cuales estas empresas puedan pasar, corresponden a una gran parte de la economía del país y un factor determinante que disminuye considerablemente el desempleo generalizado. Por dichas razones, quizá se llegue a pensar que tantos resultados positivos se ven reflejados en el Producto Interno Bruto (PIB) del país. Sin embargo, ésto no es así lastimosamente y es ahí donde se ve claramente una falla por parte del Estado, a la hora de fortalecer un eslabón definitivo de su economía.

El problema consiste en que las pymes presentan un gran aislamiento, en comparación con otros tipos de empresas, en su estructura productiva y su incapacidad de aumentar su producción y especializarse correctamente, acorde con las necesidades primarias del mercado y a los constantes cambios de demanda que ocurren en éste. La causa primaria, que genera las demás, es la falta de un apoyo efectivo por parte del Estado, que les pueda garantizar una ganancia. Por ejemplo, el difícil acceso a su financiamiento, la existencia de una restricción de crédito (fenómeno financiero que consiste en la reducción de los recursos monetarios disponibles para prestar o un repentino incremento del coste de obtener préstamos bancarios) y la falta de una adecuada organización y gestión. A causa de todos esos obstáculos, muchas de este tipo de empresas recurren a mecanismos como: proveedores, reinversión de utilidades (reinvertir la ganancia obtenida de una previa inversión), “leasing” (contrato en donde un usuario le paga al dueño de un recurso para el uso de éste), etc. Además, no sólo vemos problemas de las índoles mostradas anteriormente, pues otra de las dificultades de éstas está en su baja capacidad para vincularse con el sector externo de forma competitiva (exportaciones). Se sabe que existe gran dificultad para que éstas logren alcanzar diversos medios, el uso de las nuevas tecnologías o una mejor competitividad. Todo lo anterior conforma el hecho que no corresponde una gran ayuda al porcentaje de las exportaciones de Colombia en el mercado Internacional.

Finalmente, es por todas las razones, datos, hechos, estadísticas y ejemplos, por las cuales el Estado debería velar por el desarrollo de la micro, la pequeña y la mediana empresa, ayudarla con una mejor vinculación al mercado externo y proveerle mano de obra mejor capacitada que puedan verdaderamente realizar sus trabajos de forma correcta. Así, el Estado tiene cuidado con sus gastos, teniendo unas ventajas aseguradas con la mejora y ayuda de las pymes, recubriendo y sellando aquel pequeño agujero, suficiente para hundir su barco.